Gracias a que el turrón es parte de la cultura gastronómica española, cuando llega diciembre vemos un desfile de sus múltiples sabores, texturas, colores, ingredientes y precios; pero alguna vez te has preguntado ¿por qué existen turrones duros y blandos? ¿En qué se diferencian? La respuesta se está en el proceso de elaboración; sigue leyendo para que te enteres cómo se hacen estas delicias tan populares.
Claro que a lo largo de los años todo ha ido evolucionando; la tradición se ha extendido tanto que incluso puedes preparar un turrón en la Thermomix con una receta más sencilla. Claro que si la idea es adquirir el mejor producto, asegúrate de que cuente con las siglas IGP, que es la indicación geográfica protegida para los turrones de Jijona o de Alicante.
Diferencias entre turrones duros y blandos
La primera diferencia es su lugar de origen, los turrones blandos clásicos nacieron en Jijona mientras que los duros son de Alicante; de allí que esto sea reconocido a través de la regulación IGP, la cual se usa como indicativo de calidad en toda la UE.
La segunda diferencia es la elaboración. En el turrón duro se fusionan los ingredientes (almendras, miel y clara de huevo) en una máquina, se seca la mezcla y finalmente se envasa en caliente en los respectivos bloques como los conocemos. Para el blando se usan unos molinos que trituran las almendras y mezclan todos los elementos, después pasan a unos boixos o morteros calientes para lograr impregnar los aceites y que resulte una masa fina, blanda, homogénea. Con el tiempo han surgido otros sabores extras muy apetecidos.
La tercera diferencia, muy a la vista cuando compras, es que al duro se le agrega en muchos casos una oblea blanca, mientras que al blando no. Esto le da un rasgo aún más crocante y evita que se te pegue a la mano cuando lo consumes.
¿Cuál es el mejor turrón, el duro o el blando?
Ambos turrones, tanto el duro como el blando, manejan estándares de calidad en su elaboración que los hace deliciosos y con precios económicos o costosos según la categoría. Todo depende de lo que te guste, así que se trata de una opinión personal; algunos alegan que los de Alicante son más ricos, mientras que otros aseguran que la suavidad del Jijona es insuperable.
La categoría es la que denota cuál es la calidad y aplica para ambos tipos, se mide según el porcentaje de almendra contenido más la excelencia de los ingredientes:
- Popular: Es el de menor calidad y más barato, solo tiene un 34% de almendras, principalmente se trata del elaborado en casa.
- Estándar: La concentración de almendras es 40%, un nivel bastante bajo considerando las políticas de calidad para los mejores productos del mercado.
- Calidad extra: Posee entre 46 y 50% de almendras. Aunque es un porcentaje medio, la ventaja es que usa miel pura de abejas para la creación.
- Calidad suprema: Es el recomendado por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), ya que contiene al menos 61% de almendra para la versión dura y 64% para la blanda, también presenta una base de miel pura de abejas en 10%. Estos son los llamados Alicante y Jijona por su indicador IGP.
- Calidad suprema mejorada: La concentración almendrada alcanza como mínimo un 70% para el blando y 65% para el duro.
- Gourmet: Los turrones gourmet no están regulados por el IGP porque presentan una variedad de componentes según la casa fabricante, además su empaquetado es distinto. Sin embargo, poseen una calidad muy superior.
¿Cómo se conserva un turrón duro y uno blando?
No existen diferencias en la manera de conservar ambos ejemplares. Puedes almacenarlos sin abrir en un lugar fresco y seco, durará entre 10 meses o todo un año; no recomendamos guardar en la nevera porque los impregnaría de humedad y podría ablandar los frutos secos.
Ahora, si el paquete está abierto es mejor que lo envuelvas en papel aluminio, lo metas en un envase hermético y luego lo coloques en un espacio seco. Si bien el aceite de almendras es un compuesto que ayuda a conservar y mantener alejados los patógenos, cuando el empaque está abierto o lo almacenas en un lugar húmedo suele ablandarse, perdiendo así sus propiedades organolépticas (sabor, aroma, textura, color).